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Intervención basada en la Higiene Vocal PDF Imprimir E-mail

noticia voz4El término de higiene vocal fue utilizado por primera vez por Froeschels (1943), para referirse a un uso adecuado de la voz que previene la hiperfunción vocal. El utilizar programas de higiene vocal se basa en que los abusos vocales contribuyen en la aparición de un trastorno de la voz, y por lo tanto, la eliminación o reducción de las conductas inadecuadas ayudarían en la rehabilitación vocal y prevención de problemas. Diversos relatos en la literatura, así como también numerosas publicaciones en revistas especializadas, señalan que los programas de higiene vocal son efectivos para prevenir y eliminar abusos vocales, así como también para mejorar las voces en diversas poblaciones (Johnson, 1985; Mcfarlane & Waterson, 1990; Aaron & Madison, 1991; Nickel, Midleton & Brand, 1992; Chan, 1994; Leydon et al, 2009; Yiu & Chan, 2002; Franca & Simpson, 2009; Roy et al, 2002; Kai, 1993; Alves et al, 2008).


La lista de conductas inadecuadas para la voz puede llegar a ser larguísima. Mara Behlau, en su libro Voz, O Livro do Especialista (2005), resume más de 50 conductas que tienen relación con el cuidado de la voz. Las personas que usan su voz profesionalmente o como herramienta de trabajo en su jornada laboral, tales como profesores, cantantes y actores, en general muestran mayor interés por educarse vocalmente, ya que son ellos quienes están más expuestos a estas conductas y por ende, a generar una patología vocal (Simberg et al, 2004; Behlau et al, 2011; Castillo et al, 2015). Para este grupo de personas, una mala conducta de higiene vocal o fonotrauma que es el término utilizado hoy en día, puede ser aún más perjudicial que para aquellos que no usan su voz de manera ocupacional o profesional.


Tradicionalmente, por muchos años, la forma de intervenir la higiene vocal, fue la de entregar a los pacientes en la primera sesión de intervención, una larga lista de conductas que no debían realizar. Esto confundía y desalentaba a las personas, lo que finalmente derivaba en que los usuarios no cumplían con las recomendaciones. Además, no se realizaba un adecuado seguimiento y control de la terapia higiénica.


Actualmente, la intervención de la higiene vocal es reconocida como una orientación terapéutica, que puede ser exclusiva si es que se detecta que la patología vocal está directamente relacionada con alguna conducta de fonotrauma, o como la mayoría de los fonoaudiólogos la utilizan, como una forma de terapia indirecta, a la que le dedican al menos un 20 a 25% del tiempo en cada una de las sesiones (Gartner-Schmidt, 2013).


Para realizar una correcta intervención higiénica, Stemple (2000) sugiere los siguientes pasos: (1) Identificar el comportamiento traumático; (2) Describir los efectos de las conductas traumáticas; (3) Definir específicamente cuando ocurren y (4) Modificar el comportamiento. En esa misma línea, Verdolini (2008), sugiere lo siguiente: (1) Identificación de conductas fonotraumáticas; (2) Explicación del problema; (3) Asociar a conductas que causan o agravan el problema de la voz; (4) Autoevaluación o autoconsciencia y (5) Adaptación y negociación de las conductas según cada persona y su contexto.


De acuerdo a lo anterior, es el fonoaudiólogo en conjunto con el paciente, los que deberán determinar las conductas fonotraumáticas que se deben modificar. Para esto, hoy en día se sugiere intentar la modificación de no más de 3 conductas de higiene vocal, las que están relacionadas con la hidratación, el control de irritantes (cigarro, cafeina, alcohol, otros) y control del fonotrauma intrínseco (tos, gritar, hablar prolongadamente, otros). La modificación de estas conductas podría aumentar si existieran otros problemas asociados a la voz, como por ejemplo el reflujo faringo laríngeo. En estos casos, se debe actuar con mayor cuidado y eliminar aquellas que podrían estar provocándolo. Finalmente, nunca se debe olvidar tener un adecuado seguimiento y control de las conductas fonotraumáticas.


Sin duda, la intervención de la higiene vocal representa un gran desafío para el fonoaudiólogo en la actualidad.

Flgo. Daniel Guzmán F.

 

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